La lucha entre traductor automático versus traductor humano es una batalla que se libra casi a diario y que solo tiene un claro vencedor para ser entendido a la perfección.

Vivimos en la era de la informática, de las redes sociales de uso instantáneo, de todo rápido, raudo y veloz, y la necesidad de una traducción pronta en el tiempo es más necesaria que nunca.

Esta súbita exigencia choca, en la mayoría de las ocasiones, con la confianza que ponemos en que esa “traducción” sea del todo profesional y realmente equiparable con la realidad de la gramática inglesa o de otro idioma.

Una traducción automática es muy necesaria actualmente para correspondencias inminentes, contratos de uso inmediato, ofertas de empleo a las que queremos presentar nuestra candidatura, sitios webs de consulta rápida o transacciones comerciales, entre otras acciones.

Encargar este tipo de trabajos a una agencia de traducción o a traductores freelance a veces resulta un poco tedioso, ya sea por la falta de tiempo de estos, por motivos presupuestarios o por la veloz resolución que se espera.

Es ahí, en estas determinadas ocasiones en las que ponemos nuestra plena confianza en las traducciones automáticas y no sabemos por dónde pueden salir, así que muy atentos/as a lo que nos puede repercutir su uso.

¿Qué traductores automáticos me puedo encontrar en la actualidad?

A día de hoy, en el mercado existen algunas que otras herramientas de traducción que nos aseguran un trabajo gratuito y realmente instantáneo como Google Translate, Free Translation, Comprendium, Microsoft Translator, entre otros.

Estos programas “profesionales” están continuamente actualizados y se ocupan de todas las exigencias que les proponen los usuarios que interactúan con ellos y les piden una traducción automática.

Cuando se recurre a ellos, debemos tener en cuenta hasta qué punto es necesario confiar en este tipo de programas y lo que podemos esperar de ellos. Estos trabajos automatizados cuentan con el error de no saber a qué país pretendemos enviar nuestra traducción, el tratamiento con las personas, la estructura que queremos darle a nuestros textos o la legibilidad total que pretendemos. Un poco de “literatura” en este sistema y volvemos loca a la “maquinita”.

Fallar en alguno de los pilares fundamentales en los que se basa una buena traducción puede hacer fracasar, de manera realmente estrepitosa, una posible relación laboral y dañar en gran medida un negocio por culpa del uso de un traductor automático.

5 razones por las que te arrepentirás de usar un traductor automático

La traducción automática no es una cosa del ayer, no se inventó hace un par de años para facilitarnos una rápida (aunque dudosa) traducción de textos en diferentes idiomas. Este invento se creó en los años 50, por lo que, actualmente cuenta con más de 60 años a sus espaldas.

A pesar de su longevidad, este invento no ha conseguido llegar al nivel de traducción óptima que se necesita para ser el sustituto de la traducción humana.

  1. Bajos niveles de calidad

En este aspecto, te puedes arrepentir, y mucho. El uso de traductores automáticos no cuenta con la calidad con la que se presenta actualmente la traducción realizada por un profesional de manera física.

El lenguaje humano es la creación más compleja hasta el día de hoy y, por tanto, imposible de replicar tan fácilmente mediante ceros y unos a través de una pantalla. Si alguna vez has traducido algo en un programa automático, habrás podido comprobar que solo nos sirve para conocer la idea general y nada más.

  1. Sinonimia

Un traductor automático no sabe interpretar aquellas palabras que significan varias cosas en función de su contexto y eso nos puede llevar a cometer errores de alto grado, difíciles de solventar echándole la culpa a una máquina. Un simple ejemplo lo encontramos en palabras como “book”, “draft” o “sign”.

  1. Jergas

Este aspecto es muy peligroso de acometer con la ayuda de un traductor automático. Los tecnicismos y jergas de un área de actividad son muy concretos y tienen un significado distinto según el contexto, por ello, si no sabemos traducir bien una palabra podemos meter la pata hasta el fondo.

En un contrato laboral, sin ir más lejos, hay una jerga concreta que, de ser traducida mal, nos llevará a entender todo lo contrario. “Subject to” lo confunden los diccionarios y traductores online y lo asimilan a la palabra “notwithstanding”, que es justamente lo contrario.

  1. De positivo a negativo

Muchos o casi todos los traductores automáticos pecan en transformar frases negativas en positivas y viceversa. Esto es denominado, de manera hilarante, como “cambio de polaridad”, pues se tornan constantemente los sentidos de una construcción gramatical si nuestra traducción depende de estos programas.

¡Y el error puede ser descomunal!

  1. Una mala imagen, forever

Los softwares de traducción automática te llevarán a que, si los utilizas para temas legales, laborales o de cualquier índole que sobrepase un uso personal, te corones como “estúpido/a” y desconocedor de idiomas.

Esto a nadie le suele gustar, la imagen como persona o marca se puede dañar de una manera irreversible y te puede pasar como años atrás le pasó a la Generalitat de Cataluña en este artículo, donde se confundió su presidente Artur Mas por el “President More”.

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